En la época de Adriano ya existía un lugar de descanso donde se podían comprar bebidas y alimentos listos para consumir, el Thermopolium, cuyos restos se conservan en las excavaciones arqueológicas de Pompeya, Herculano y Ostia Antica. Desde el siglo XII, sajones, flamencos y franceses comenzaron a visitar Italia. En Roma, los locales donde se servía vino recibieron el nombre de Hostellerie (del francés antiguo), Tabernae y Hostariae. El término osteria deriva del latín "hospite". En el siglo XIII veneciano se encuentra la primera referencia al término "Hosteria", la etimología de la denominación actual hace alusión a la función del lugar, que es precisamente la hospitalidad. En la Edad Media, la taberna fue el espacio donde actuaban los juglares, bufones y malabaristas hasta que, entre saltimbanquis y madrigales, llegó el siglo XVI. Para Italia fue una época extraordinaria que influyó en toda Europa, difundió las artes, la comedia de las máscaras, el teatro de Ruzante, Macchiavelli y luego el melodrama, el "recitar cantando". En Londres, en el mismo período, definido como isabelino, la posada fue el espacio destinado a los actores, donde actuaban en medio del público. William Shakespeare representó sus dramas en las posadas, y así lo hacen hoy en día las bandas en los pubs ingleses. En París, donde los cómicos italianos establecieron su residencia, se abrió para ellos un espacio para espectáculos llamado "L'Hotel de Bourgogne". Los alemanes dejaron una huella teatral con Hans Sach. España y Portugal redescubrieron la comedia latina, Plauto o Séneca en la tragedia.

El siglo XVII marca "el siglo de oro" en Francia con la aparición de Molière y la fundación de la Comédie-Française. En el XVIII destaca Carlo Goldoni, que renovó el teatro escribiendo textos para cada actor y eliminando el canovaccio; su obra maestra irresistible es "La Locandiera". En París, Caron de Beaumarchais inventó el famoso "Barbero de Sevilla" y logró el reconocimiento del derecho de autor. Alemania era un conjunto de pequeños estados sin una identidad unificada. Los espectáculos basados en canovacios improvisados tenían lugar en las tabernas. Johann Gottsched contribuyó a la unificación lingüística. Gotthold Lessing tuvo resonancia, pero el más influyente fue Friedrich Schroder, que fundó una escuela de actuación en Hamburgo. En Holanda ganó fama por sus obras teatrales Joost van den Vondel. Dinamarca vio nacer el primer teatro gracias al compromiso de Ludvig Holberg; Johannes Ewald escribió el melodrama "Los pescadores", del que se extrajo el himno nacional danés.

En Suecia, en 1786, se fundó la "Academia Sueca", que hoy otorga el Premio Nobel de Literatura. Rusia se iluminó con Fedor Volkov, considerado el padre del teatro ruso. En 1732, el arquitecto Bartolomeo Rastrelli diseñó el "Palacio de Invierno", sede del Museo del Hermitage en San Petersburgo. En el siglo XIX florece el drama romántico en Europa. París se convierte en un centro artístico, como Florencia en el siglo XV y Roma en el XVII. En Italia se difunde la poesía épico-lírica. En Milán nace en 1785 Alessandro Manzoni, en 1798 en Recanati Giacomo Leopardi. En 1815 Silvio Pellico escribe el drama "Francesca da Rimini". Sin embargo, las comunidades preferían el melodrama, y Milán se afirma en Europa como centro del Teatro Lírico: Gioachino Rossini, Gaetano Donizetti... En 1813, en la provincia de Parma, nace en la Osteria de sus padres Giuseppe Verdi, conocido como "l Cisne de Busseto". El destino quiso que Arturo Toscanini dirigiera "Aida" en Brasil, lo que levantó al pueblo y posteriormente abolió la esclavitud. En 1858 nace en Lucca Giacomo Puccini, el más significante operista de la historia musical. En 1861 Italia proclama su unidad nacional y poco después su capital, Roma. Finalmente, entre dramas y melodramas, el siglo XIX llega a su fin y se lleva consigo los sublimes misterios del "Héroe de los Dos Mundos", Giuseppe Garibaldi.